Enfriando la globalizaciÛn [Cooling globalisation]
IPN Opinion article
2001, Caracas
La lucha contra el cambio clim·tico se ha convertido en una de las principales prioridades del mundo desarrollado. En pa'ses como Canad·, el Reino Unido, Australia, e incluso Estados Unidos, las propuestas sobre cÛmo detener el calentamiento global ocupan un lugar de privilegio en el debate pol'tico. Sin embargo, es cada vez m·s evidente que cualquier esfuerzo internacional por estabilizar los niveles de carbono en la atmÛsfera ser· in˙til si no se involucra tambiÈn a los pa'ses en desarrollo, y es aqu' donde la agenda clim·tica podr'a descarrilar el proceso de integraciÛn econÛmica que vivimos.
Por eso es importante tener en cuenta el impacto que podr'an tener en el sistema econÛmico mundial las medidas que est·n siendo consideradas para contrarrestar el calentamiento global. Ya es reconocido que, a pesar de los elevados costos, las pol'ticas adoptadas hasta el momento no tendr·n efecto alguno sobre la temperatura global en las prÛximas dÈcadas. Seg˙n el climatÛlogo Tom Wigley, de haber sido implementado en su totalidad, el protocolo de Kyoto habr'a reducido la temperatura global para el aÒo 2050 en ˙nicamente 0,07 ?C. Adem·s del agravante de las deserciones de grandes emisores como Estados Unidos y Australia, ni siquiera la mayor'a de los pa'ses que lo ratificaron han logrado reducir sus emisiones de CO2 de acuerdo a lo estipulado en el protocolo, el cual expira en el 2012.
Es as' como desde ya se est·n discutiendo los alcances de un nuevo acuerdo internacional que venga a reducir de una manera m·s efectiva las emisiones de diÛxido de carbono a partir de dicho aÒo. Y existe un consenso óal menos en los pa'ses desarrolladosó que cualquier esfuerzo en este sentido debe necesariamente involucrar a los pa'ses en desarrollo, especialmente a gigantes como China, India y Brasil. La razÛn es sencilla: El 75% del aumento en la demanda de energ'a en los prÛximos 20 aÒos provendr· de los pa'ses en desarrollo, y el 80% de esta energ'a ser· generada por combustibles fÛsiles.
Sin embargo, lograr que los pa'ses en desarrollo limiten voluntariamente su consumo energÈtico no ser· f·cil ni deber'a serlo. Al final de cuentas sus emisiones per c·pita son un quinto la de los pa'ses ricos. Como indica el economista Robert Samuelson, 'el uso de energ'a sostiene el crecimiento econÛmico, el cual óen todas las sociedades modernasó apuntala la estabilidad social y pol'tica'. Los gobiernos de estas naciones est·n conscientes de que reducir el uso de fuentes de energ'a baratas tendr· un impacto sumamente negativo en su desarrollo econÛmico.
Ya Europa est· enfrentando los crecientes costos econÛmicos de limitar las emisiones de C02. Un reportaje reciente del Washington Post da fe sobre los efectos no deseados del sistema de comercio de carbono: electricidad m·s cara, desempleo y pÈrdida de competitividad. Algunas empresas europeas est·n considerando mover sus operaciones a pa'ses en desarrollo que no cuentan con estas regulaciones. Esto da paso a un escenario a˙n m·s peligroso: que las naciones desarrolladas amenacen con imponer altos aranceles a los productos industriales de los pa'ses que no participen en un acuerdo post-Kyoto. Ya la idea fue sugerida por Francia en la ˙ltima Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Clim·tico, y es probable que tome fuerza conforme la pÈrdida de competitividad europea se acelere y el tema del calentamiento global aumente en relevancia.
Es probable que una medida de este tipo sea ilegal bajo el marco de los acuerdos de la OrganizaciÛn Mundial del Comercio (OMC) que proh'ben el trato discriminatorio entre los productos similares de diferentes pa'ses. Sin embargo, la OMC tambiÈn deja la puerta abierta a la adopciÛn de medidas comerciales tendientes a proteger los recursos naturales y la salud humana, siempre y cuando Èstas 'no sean implementadas en una manera que constituya un medio de discriminaciÛn arbitrario o injustificableÖ o una restricciÛn solapada al comercio internacional'. Algunos expertos sostienen que un tratado internacional podr'a satisfacer este requisito.
Las consecuencias de dicho escenario son muy graves. Los pa'ses en desarrollo podr'an tomar represalias ante las medidas arancelarias de las naciones ricas, lo cual dar'a paso a una guerra comercial generalizada. Peor a˙n, la OMC perder'a su autoridad ante los ojos del mundo, especialmente los pa'ses pobres. Esto es a˙n m·s factible si la prometida liberalizaciÛn comercial agr'cola bajo la Ronda de Doha nunca fructifica ódebido principalmente a la resistencia de Estados Unidos y Europa a reducir sus subsidios agr'colas y abrir sus mercados, respectivamente.
M·s que enfriar el planeta óo al menos detener su calentamientoó los esfuerzos por controlar las emisiones de CO2 tienen el potencial de enfriar el proceso de globalizaciÛn que ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas en las ˙ltimas dÈcadas. Es importante que no perdamos de vista esta posibilidad cuando analicemos las propuestas de control clim·tico que est·n sobre la mesa.
(El autor es director para AmÈrica Latina del International Policy Network, una ONG que promueve las instituciones de una sociedad libre)


